Estamos ante una de las películas más emblemáticas del cine de terror y ciencia ficción de los años 80. Más que la historia de un experimento científico que sale mal, la película explora de forma inquietante la fragilidad del cuerpo humano, la obsesión por el progreso y el miedo a perder la identidad.
La película está protagonizada por Jeff Goldblum, cuyo papel como el brillante pero temerario científico Seth Brundle es considerado uno de los mejores de su carrera, y por Geena Davis como Veronica Quaife.
Es un remake actualizado de la película homónima de 1958, pero Cronenberg le dio un enfoque mucho más visceral y psicológico. El maquillaje y los efectos especiales, a cargo de Chris Walas, ganaron el Óscar en 1987 debido a la sorprendente transformación física del protagonista, que aún hoy resulta impactante.
Los peligros de jugar a ser dios
La mosca es otra de las grandes películas de culto de los años 80. Empieza con lo que parece que va a ser un descubrimiento científico capaz de cambiar el mundo: la teletransportación. Pero, como suele pasar habitualmente, algo sale mal durante una de las pruebas.
Su creador, Seth Brundle, decide probar el invento él mismo para demostrar que es un genio y que su máquina funciona. Lo que nunca tuvo en cuenta fue un detalle inesperado: durante la prueba, una mosca se cuela dentro del primer teletransportador. La máquina, al descomponer su cuerpo y reconstruirlo en el segundo teletransportador, no estaba preparada para manejar dos tipos de ADN distintos.
El resultado: al no saber cómo procesar esa mezcla, los fusiona. Y a partir de ahí comienza una de las transformaciones más perturbadoras y memorables del cine de los 80.

Una vez terminada la prueba, la película nos muestra a su protagonista eufórico por el éxito. Pero, a medida que avanza la historia, comenzamos a ver las consecuencias de aquella fusión accidental con la mosca. Seth Brundle empieza a experimentar cambios en su cuerpo, algunos bastante desagradables.
Aquí entramos ya en la parte más gore de la película, donde vemos cómo nuestro protagonista se transforma poco a poco. Los cambios no son solo físicos, sino también psicológicos: llega un momento en el que Seth está convencido de que se ha convertido en una “evolución” superior de la especie humana.
Geena Davis, en el papel de Veronica Quaife, intenta ayudarle como puede, pero Seth, cada vez más consumido por su transformación y su obsesión, no se lo permite.

En la parte final de la película veremos a nuestro protagonista en todo su esplendor, completamente consumido por la transformación, intentando convertir también a Verónica en un engendro como él. Esta última parte incluye algunas escenas bastante desagradables, pero muy bien realizadas y con un maquillaje que, incluso hoy, sigue impresionando.
Hubo una segunda parte de esta película, sin Cronenberg al mando y sin ninguno de los protagonistas originales. Y la verdad es que se nota bastante en la calidad del resultado: la secuela pierde la profundidad y el enfoque trágico de la primera, quedándose en una versión más convencional del terror.